El sueño es un aspecto fundamental para nuestro bienestar y salud en general. Durante las primeras etapas de la vida, el dormir la siesta es considerado esencial para el desarrollo de los bebés. Sin embargo, a medida que vamos envejeciendo, esta práctica se vuelve menos habitual. A pesar de ello, la popularidad de la siesta resurge tras la jubilación, con un 27% de las personas mayores de 65 años afirmando dormir la siesta de manera regular. ¿Qué beneficios puede aportar esta costumbre a nuestra salud cerebral?

Dormir la siesta: ¿Beneficio para el cerebro?

Dormir la siesta y el envejecimiento del cerebro

Si bien dormir la siesta puede retrasar el envejecimiento natural del cerebro, aún no está claro si desempeña un papel en la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. No obstante, la salud cerebral en general es crucial para protegerlo contra la demencia, y diversos estudios han demostrado una relación entre los trastornos del sueño y esta enfermedad.

Los investigadores sugieren que el sueño deficiente daña el cerebro con el tiempo al causar inflamación y afectar las conexiones entre las células cerebrales. Ante este vínculo, la investigadora uruguaya Valentina Paz, de la Unidad del MCR para la salud y el envejecimiento de UCL, plantea que dormir la siesta con regularidad podría compensar el sueño deficiente y proteger contra la neurodegeneración.

Sin embargo, no todos están convencidos de los beneficios de la siesta. La doctora Garfield, experta en neurociencia, considera que no se trata simplemente de encontrar un lugar cómodo para descansar en medio del trabajo. Ella prefiere optar por otras formas de cuidar su cerebro, como hacer ejercicio. Aunque reconoce que podría intentarlo y recomendarlo a su madre.

Estudio revela beneficios de la siesta para el cerebro

Investigar los efectos de la siesta puede resultar un desafío para los científicos, ya que puede tener tanto beneficios como consecuencias negativas, como la sensación de cansancio posterior que puede requerir más tiempo de sueño. En busca de evidencia concreta sobre los beneficios de la siesta, un equipo de investigadores utilizó una técnica novedosa basada en el ADN para demostrar su impacto en el cerebro.

Estudios previos han identificado 97 fragmentos de nuestro ADN que nos hacen más propensos a dormir la siesta o a tener mayor energía durante el día. El equipo de investigación analizó los datos de 35,000 personas de entre 40 y 69 años, recopilados como parte del proyecto Biobank en el Reino Unido, y comparó a aquellos que eran considerados “dormilones” con aquellos que no lo eran.

Los resultados de este estudio, publicado en la revista Sleep Health, revelaron una diferencia de 15 centímetros cúbicos en el volumen cerebral entre los dos grupos. Esta diferencia equivale a un envejecimiento de entre 2.6 y 6.5 años. Cabe mencionar que los volúmenes cerebrales totales en el estudio eran de alrededor de 1,480 centí

metros cúbicos.

La profesora Tara Spires-Jones, de la Universidad de Edimburgo y presidenta de la Asociación Británica de Neurociencia, comentó que le gustan las siestas cortas durante los fines de semana y que este estudio la ha convencido de que no debería sentirse perezosa al tomar una siesta. Incluso mencionó que podría estar protegiendo su cerebro. Es importante destacar que estos resultados se refieren a siestas de duración no superior a media hora.

Conclusión

Aunque todavía existen interrogantes sobre los beneficios específicos de la siesta para la salud cerebral, cada vez más investigaciones respaldan la importancia del sueño para el buen funcionamiento del cerebro y su protección contra enfermedades neurodegenerativas. El estudio mencionado anteriormente muestra un pequeño pero significativo aumento en el volumen cerebral en aquellos que duermen la siesta, lo cual respalda la idea de que esta práctica podría tener un impacto positivo.

Es importante recordar que cada persona es diferente, y mientras algunos pueden beneficiarse de una siesta corta, otros pueden encontrar más beneficios en otras actividades como el ejercicio físico. En última instancia, es fundamental encontrar un equilibrio y adoptar hábitos de sueño saludables que se ajusten a nuestras necesidades individuales.

3 Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *